martes, 7 de septiembre de 2010

"Laburo, nomás" (1ª parte)

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NOTA: Este relato acaba de resultar premiado en el VII Certamen de Narrativa de Canal Literatura (3er puesto). Debido a su extensión os lo voy a dejar aquí en tres capítulos al modo de los folletines del siglo XIX, confío en que os guste.

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“Sólo es laburo, laburo nomás” , repetía como un mantra.

Gualterio Falcón nunca desperdició una palabra, un gesto, una sonrisa. Gualterio era seco cual la tierra en invierno y espeso como los yerbatales.

Cuando niño, Gualterio fue salvajemente alegre, como lo son los niños criados al aire de las pampas sin otro límite que el horizonte amplio o el miedo a los leones.

Porque Gualterio nació “guacho” y si tuvo padres, que debió tenerlos, nadie supo de ellos; entre milico y barragana dicen que anduvo el lío, pero lo que sí es seguro es que al angelito lo dejaron “arrumbao” donde la pulpería de Doña Lasti y ya fuese por caridad, o porque algún pecado tenía en la conciencia -que también ella se olvidó de algún mamón allá por esas tierras de Dios- fue sentir llorar al desdentado, que se le puso un calor así, bien prieto al pecho, y una emulsión feroz de lágrimas antiguas, y tanto pudo la naturaleza de las viejas penas que donde la ley de las cosas rectas hubiera dado en sofocos y sudores, estallaron dos manchas de leche incontenible que escurría en su camisa como llanto de pezones.

Semejante prodigio se corrió urgente por toda la comarca, pues ni la edad de Doña Lasti ni sus circunstancias personales dejaban un resquicio para explicar tal milagro. Y bien es verdad que en los primeros tiempos era peregrinaje lo que allí había para ver a la doña sentarse en el zaguán y darle de tetar con abundancia al mamantón, al que llamó Gualterio, quizás porque le recordaba a alguien que la hizo feliz, y también le donó su apellido duro y filoso: Falcón, lo que, en su momento, resultó ser premonitorio.

Como ocurre siempre, la sorpresa dio paso a la costumbre, y al tiempo ya nadie recordaba que Doña Lasti no era madre, o que las mujeres sesentonas, las corrientes, no sacan su historia por los pechos. Pero así eran las cosas en aquellos días.

También hubo quien se malició que todo era un engaño de Doña Lasti para esconder un devaneo inconfesable, y que tal milagro no fue sino teatro para preservar su honra, y que de tan gorda que estaba nadie notó el embarazo. Tal vez, aunque en verdad la virtud de la doña, bien dudosa, no necesitaba tapujos, y que su avanzada y arrugada edad seguía otorgando al asunto la categoría de extraordinario.

Lo que tiene la natura es que no miente, y al cabo de cuatro años de alimentar tantos hijos perdidos -que ni un día dejó de darle el pecho al pequeñín-, Gualterito había medrado fuerte y compacto, sano y “colorao” como un potranco, al tiempo que la doña se consumía igual que la cecina seca, que tal pareciera que se le iba el ser disuelto en leches y calostros. Y donde hubo abundancia no quedó sino tendón y sarmiento, y pieles flojas, y ojeras agarradas. Aquello semejaba una suerte de trasvase entre dos cuerpos, pues lo que se perdía de una parte se instalaba completo en el muchacho, lo mismo las carnes que los genios fuertes de Escolástica Falcón, mujer de frontera, puta cuando tocaba y madre de arriada.




...(continuará)...

2 comentarios:

Bletisa dijo...

Uys que bonito Ignacio.
Espero la segunda parte.
Enhorabuena por este premio y por el del poema.
Acabo de acercarme a canal literatura y lo he visto.

Un beso.

Ignacio dijo...

Muchas gracias Bletisa por tu comentario. El relato empieza "bonito", luego es más duro, tal vez demasiado duro. Pero espero que te guste igual.

En cuanto a lo de los premios, pues... qué quieres que te diga, a nadie le amarga un dulce. En realidad sólo me presento a tres: El tuyo de los locos, éste de Canal Literatura (me encanta poder leer todos los poemas y relatos, saber con lo que me enfrento y además, opinar).
Y por último al de la Asociación de mujeres del Picarral en Zaragoza que llevan ya 24 años con sus concursos de narrativa y poesía y son encantadoras.
Así que contento.

Te espero para los próximos capítulos (son tres),

Besos.