sábado, 10 de diciembre de 2016

Hoy tengo cuerpo de cuento, será porque se acerca el domingo...



















SUEÑOS, OJOS Y BALONES

Iván soñaba y soñaba tanto que se le escapaban los sueños. Aquél día, cuando despertó, notó un ojo, el izquierdo, muy revuelto. No paraba de moverse a todos lados, de dar botes, de dar saltos y patadas sin control. Y eso, además de ser muy molesto, dolía. Mucho.
Primero se lo contó a sus padres que lo intentaron todo: Gotas, lavados, sortilegios y arrumacos, pero nada funcionaba. Luego vinieron los médicos, los oculistas, los oftalmólogos -que se parecen mucho a los anteriores, pero son más largos- … y tampoco.
Entonces llegó la desesperación en forma de “te aguantas” y así durante tiempo y tiempo. Pero, al fin, un día, buenas noticias: Un médico que además era oculista, oftalmólogo y sabio -todo al mismo tiempo- se ofreció para curarle.
Una vez en su consulta, le estuvo mirando rato y rato con uno de esos aparatos raros de los oculistas. Parecía fascinado, pero apenas decía nada sino, de vez en cuando: “¡Ajá, lo que suponía!”, “sorprendente”, “¡huyyyy!... “
Cuando apartó la mirada del aparatejo, se quedó silencioso un tiempo, como pensando y luego dijo: ¡un árbitro, eso es!
- “Miren, en el ojo de su hijo ocurre algo maravilloso: se la ha metido un sueño, un sueño de fútbol y balones, pero se lo olvidó soñar al árbitro, así que falta alguien que ponga orden. Yo le prescribo que sueñe con árbitros y los coloque en su ojo izquierdo…”
La tarea no fue fácil, pues uno no sueña lo que quiere cuando quiere. Y menos aún, logra poner su sueño en el ojo. Pero Iván era constante y con tiempo, esfuerzo y algunos fracasos -en una ocasión coló un árbitro… pero en el otro ojo- logró su objetivo. Desde entonces el ojo izquierdo ya está muy tranquilo, pues el árbitro ha introducido orden y control. Ya no hay patadas ni empujones, sino buen juego. Así que apenas nota nada. Tan sólo, en ocasiones, el ojo se abre mucho de golpe y, como si de un eco lejano se tratase, se oye: ¡¡goool!!


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