domingo, 1 de agosto de 2010

AMOR CASUAL

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Hubo el tiempo que cubría
mis bolsillos de miradas,
tus miradas densas
-las únicas sin velo -

Yo recibía los casuales roces
de tus pechos afilados
-benditos bares tan oscuros-
como calambres de amor
en mis risueños huesos.

Y sin decir nada
-los cuerpos aprendían-
eras todo sonrisa
desde tus labios mirtos.

Entonces, yo, inocente,
preguntaba: ¿recuerdas?

Y eso bastaba.

Luego, al darte un cigarrillo o una cerveza,
nuestras manos engañaban palabras
como paseo, tardes, domingo,
o amor.

Y sabíamos que no sería.

Mas nos daba igual, pues mis dedos
se mecían rectos y galanos,
por los huecos suaves
de tu espeso afecto agradecido.

-Tu marido entretanto nos hablaba,
encantado, de su ascenso-



...

4 comentarios:

Laura Caro dijo...

El amor tiene infinitos caminos y la mayoría de ellos no tiene final.
Saludos

María Socorro Luis dijo...

A veces el amor es sólo eso: un roce, una caricia, un anhelo...
Muy bello poema.

Saludos poéticos. Soco

víctor (el gato estepario) dijo...

Madre mía, ese final es inesperado.

La mágia de la mirada, los sonidos de las palabras, los roces de los dedos, poco los utilizamos. Y una vez que pasan los primeros momentos, dejamos de cultivarlos.

Bletisa dijo...

Te lo dije allí y te lo digo aquí.
Un placer leer cosas como estas.
Yo soy más de esta forma de amor