lunes, 16 de febrero de 2015
Hoy seguimos en el circo, pero esta vez... recordando que debemos conocer nuestras capacidades reales.... porque si no....
APUESTA
Se dirige a la jaula de los leones para demostrarle cuánto se equivoca. Montini, observa desde fuera y, con una sonrisa escéptica, pulsa el cronómetro: veinte… treinta segundos… ohhh ¡imbecille! se lamenta, ¡ni siquiera un minuto…!
¿Y ahora a quién le pago la apuesta?
***
domingo, 15 de febrero de 2015
Ta, ta, ta ¡CHAN! : Ya está aquí el cuento del domingo. No se crean los abusones que todo el monte es orégano....
EL RATÓN ABUSÓN
El ratón Ramón
es muy elegante.
Vive en el Zoo
junto al elefante.
El ratón Ramón
se cree un gigante:
Asustó al vecino,
le robó un guisante.
El pobre elefante
sufrió un sofocón
¡cuanto se rieron
todos en el Zoo!
Habló con su amigo
el señor León;
le explicó dolido;
el ratón Ramón, es un abusón.
Quédate conmigo
le dijo el león,
le daré al listillo
su medicación.
Salió don Ramón
a buscar guisantes
pero se encontró
unos dientes grandes.
Del susto tan gordo
que el ratón llevó
casi se nos muere
sin decir adiós.
Le dijo el León:
Aprende tunante
esta gran lección;
no abuses del miedo
de tus semejantes,
pues habrá otros muchos
que te den capón.
***
viernes, 13 de febrero de 2015
Y repasando y repasando... me reencuentro con muchas cosas... Tuve una infancia feliz, lo reconozco, pues eramos muchos y la casa era un alboroto. Aquí dejo un poema que dediqué a la infancia y a mis hermanos... (ya veréis qué majos estamos en la foto)
ASÍ, CRECIENDO...
Me miro en estas fotos blanquiviejas
y de ellas me mira aquel niño
que yo era; sus ojos son susurros…
volviera a ver ayer si los oyera:
Si oyera lo que vi cuando crecía
sería olor a luz y risas en la piel
aquello que sintiera.
Si miro tras de mí veo la niebla
creciendo sin espera tan
adentro,
que apenas son destellos que resisten
contratiempo,
espuma rota sobre restos de marea.
Es un destello a ruedas, sabor de sal
y sueño en vela, coche gris
durmiendo a casa en noche de cristal,
calor de hermano, boca y oreja…
Es el pasillo largo,
son brazos que me alzan en lo alto,
triciclos y fresquera, sábados de baño
-¡que grande la bañera!-.
Es sarampión, paseos por el Prado,
-¡abuelo quiero un polo!-, cacao
y porras, mañana dominguera,
misa de dos, el gorro que detesto
un lazo que me aprieta, vermú,
croquetas, pollo guisado, bombones
como helados, tardes de fiesta, paseos
por La Elipa hasta los descampados,
tan lejanos, que eran de otra Tierra.
Así creciendo llegamos a literas
a cuadernos de palotes, recreos
por la Luna vestida de maestra;
veranos de safari con brújula
en las manos volante de relleno
y negro coche negro americano.
Hotel de cinco estrellas ya crecidas:
Se fueron de paseo a la alameda,
llegáronse a la orilla de la playa,
(rumor de ola y barquillo)
se entraron en el mar…
… allí dejaron sus quimeras.
Y aquí me quedo, que por seguir
me voy donde no quiero
pues así, creciendo, se llega
hasta la vida…
…perdidas las sorpresas.
***
jueves, 12 de febrero de 2015
Todos conocemos personas más preocupadas en fastidiar las vidas ajenas que de vivir las propias. Todo tiene su porqué, pero a veces pasa lo que pasa y se lo tienen merecido.... (un divertido relato basado en la vida real)
PELOTAS
A Eleuterio Galán nunca le gustaron las pelotas. Ni los niños, ni sus risas… acaso porque él no fue feliz cuando tocaba.
Si tuviéramos que explicar la infancia de Galán, la palabra “desdichada” se nos quedaría corta. Era Eleuterín silente y esquinado, de esos niños entecos y piernicurvos, huérfanos de cualquier habilidad social y tan proclives a recibir las burlas de los demás, como si con un imán interior las atrajesen; o dicho de otra manera y en castizo: era el “capacico de las hostias”. Además a todo este despropósito se añadía su única virtud: La inoportunidad. Tenía nuestro mocoso la insana costumbre de asomar en el peor de los momentos: Si rompían un cristal jugando al fútbol, todos escapaban a tiempo, menos él, tan despistado… o si un maestro ordenaba silencio, siempre quedaba su voz en el aire, portadora de una última palabra fatal –fatal para él claro, que sus compañeros bien que se divertían con sus desdichas-.
Naturalmente, su autoestima era un ente imaginario, como los Reyes Magos o Superman. En cuanto al físico… ya apuntamos algo sobre esa esmirriada anatomía. Los niños asumen con naturalidad la ley del más fuerte, y la aplican con abundancia generosa. Imaginaos el resultado de tal práctica sobre su endeble organismo: Todo él era una sucesión de moratones, rasguños y magulladuras varias.
Eleuterio no era inteligente -tampoco en eso la providencia fue generosa con él-, pero sí rencoroso y tozudo. A trancas y barrancas fue pasando los cursos, más por el poco entusiasmo que despertaba en los profesores la perspectiva de soportarle otro año que por méritos propios.
Lo cierto es que tantos golpes y tantas humillaciones acumuladas, le indujeron a tomar medidas paliativas, y como solución se le ocurrió apuntarse en secreto a un gimnasio culturista, de esos que se anunciaban mediante asombrosas fotografías en blanco y negro de hombres musculados con deslumbrantes sonrisas falsas. Y sí, a base de sudor y lágrimas –sin perjuicio de lo que ayudaron la edad y sus hormonas-, lo consiguió: supo labrarse un cuerpo envidiable, repleto de morcillas y cuadraditos.
Lamentablemente para él, a esas alturas –había alcanzado los 21 años- ya no estaba en la escuela, ni nadie de los de su entorno mostraba demasiado interés en pelearse, pues andaban todos más atentos a las chicas, los bailes y otras salsas. Asomaba de nuevo su extemporaneidad y los deseos de venganza debieron posponerse.
Ahora el reto consistía en manejarse en el sutil mundo del flirteo. Huérfano de cualquier experiencia en ese terreno -que demasiadas horas había tenido que invertir en el gimnasio- sus repetidos fracasos amorosos fueron de escándalo pues así como quien dice, “se le había pasado el arroz” y la “bola” que alimentaba su frustrada personalidad, siguió creciendo.
Llegados a este punto, daremos un salto en nuestra historia para encontrarnos a Eleuterio Galán ya entrado en ese monumento indefinido que llamamos madurez. Se había malcasado con una mujer irritante y perversa -era la única que quedó libre en su exiguo mercado sentimental- que tenía la capacidad de elevar el sentimiento de amargura a la categoría de maravilloso. Por aquella época se había empleado en la pescadería de un conocido supermercado. Allí, su limitado intelecto quedaba compensado sobradamente por aquella fuerza física que con tanto tesón había conseguido, y era muy apreciada su destreza para cargar y descargar las cajas más pesadas. Luego, frente al mostrador, exhibía una exquisita habilidad en tajar, abrir, lonchear, rebanar y limpiar cabezas, colas y tripas -cuanto más grandes mejor- como si con cada golpe aliviara la rabia acumulada por años de desprecios.
Este trabajo no estaba demasiado bien remunerado, pero a base de esfuerzo, ahorro y alguna ayuda familiar, Galán y su esposa consiguieron entregar la señal que les acreditaba como propietarios, mediante la consabida hipoteca vitalicia, de un bonito piso a estrenar en la mejor zona de un moderno barrio del extrarradio. El bloque contaba además con un precioso jardín y ¡hasta con piscina comunitaria! Aquello suponía –según su mentalidad simplista- ascender de golpe cinco peldaños en una escala social tan imaginaria en su cacumen como inexistente en la realidad.
Estas nuevas urbanizaciones solían habitarse, en su mayor parte, por jóvenes parejas muy predispuestas a ampliar el censo electoral, de manera que en pocos años el edificio duplicó sobradamente su número de ocupantes, especialmente el de mamones. Aquella etapa fue llevadera, pese a que para pagar la maldita carga hipotecaria, Eleuterio hubiera de doblar turno repetidamente, e incluso pese a su mujer, que cada vez se mostraba más impertinente con él –acusándole a voz en grito de impotente y fracasado-. Con eso y todo, Eleuterio no sentía ningún recato en pasearse por el jardín durante la temporada de piscina luciendo una tanga cuidadosamente escasa y pensada para que se pudieran apreciar cumplidamente todos los relieves de su anatomía otrora perfecta y ya camino de la decadencia. Le encantaba sentir los cuchicheos de admiración que despertaba a su paso, especialmente entre las féminas (en un discreto aparte habremos de confesar que Eleuterio no tenía la capacidad suficiente para discernir entre el asombro, la sorna y la rechifla, aunque este detalle no se lo explicaremos, que bastante lleva el pobre con lo suyo).
Pero el mundo es cambiante y los niños tienen la perversa costumbre de crecer, y con sus largas piernas aparecieron también un sinfín de ruidosos juegos, aliñados con jubilosas manifestaciones de exaltación vital. Llegó el momento en que toda aquella caterva de enanos, estaba más cerca del bigote que del sonajero y aprovechaban las vacaciones para disfrutarlas con reuniones interminables en ese jardín del que tanto presumía Galán cuando recibía visitas.
Por supuesto, estas efusiones no eran mudas y nuestro protagonista, que madrugaba lo suyo, sufría en sus carnes -más bien en su ligero sueño- tanta alegría puberescente.
Tras diversas quejas e insistentes reuniones -promovidas por nuestro héroe-, con el administrador y resto de vecinos, se determinó que, en lo sucesivo, la utilización del jardín quedaría limitada desde las once de la noche, prohibiéndose todo tipo de actividades ruidosas. Mas una cosa es predicar y otra dar trigo, y nuestros jovencitos no se sintieron aludidos por semejante normativa; y aunque sus papás les advertían de la conveniencia por respetar lo acordado, apenas obedecían, acaso llevados por ese gusto en llevar la contraria con que se nutren las primeras muestras de independencia.
Lo cierto es que este “jaleillo” nocturno molestaba sobremanera a Eleuterio, obligado como estaba a levantarse más pronto de lo recomendable, y fue la causa directa de una profunda y permanente irritación. Atormentado por el asunto, se lo tomó a modo de cruzada personal, y removió cielo y tierra para conseguir dormir sin interrupciones. Al tiempo, lo que comenzó como una petición razonable, se transformó en una obsesión, seguramente porque su salud mental se había resentido con tantos años de vejaciones, reales o imaginadas. A la postre el problema del ruido desapareció prácticamente en su totalidad –los niños maduraban-, aunque no así la asistencia de la chiquillería a tranquilas reuniones nocturnas. Pero aquello ya no era suficiente para él, pues imaginaba la situación como una suerte de reto directo hacia su persona, otra prueba que le imponía el destino para castigarle -todo esto bien exacerbado por su linda mujercita que se permitía llamarle calzonazos en público con más frecuencia de lo recomendable-.
Comenzó entonces un juego diario del ratón y el gato, en el que nuestro amigo presumía de ser el gato y los menores sus delicados ratones. Cada noche se presentaba a las once en punto en el jardín para espantar a los jovencitos a base de amenazas, insultos e incluso algún amago de agresión. Tanto pudo su tesón que aborreció definitivamente a todo el vecindario hasta que en una insospechada noche serena se obró el milagro; cuando bajó al jardín comprobó, sin ningún género de duda, que la constancia tenía premio:
¡Nadie ocupaba el recinto donde, además, reinaba el más placentero de los silencios!
Por una vez en la vida había logrado imponer su voluntad. Falto de costumbre y más exaltado que emocionado, se situó en el centro geométrico del jardín frente a todas esas ventanas que siempre consideró hostiles. Protegido por el oscuro silencio algo se removió en su interior, algo que alentó un impulso incontenible: Bajo los ojos, allí donde confluyen en confusión el llanto y la alegría, se desbordó una lágrima antigua; entonces, sin control alguno sobre sus actos, ejecutó un furioso corte de mangas dedicado al universo…
… ¡y se masturbó triunfal!
Epílogo:
Doroteo Gobantes, de “Gobantes & Asociados, Administradores de fincas”, llegó más pronto de lo habitual a su despacho. Sudoroso y urgente, anotó en su agenda: “Comunicar sin falta a Eleuterio Galán, de Urbanización Los Girasoles, que ya está instalado el sistema de video-vigilancia dinámica que tanto ha reclamado. Hoy mismo se repartirá a todos los vecinos la primera grabación, realizada anoche, para que se pueda comprobar quiénes son los gamberros reincidentes y obrar en consecuencia”… y respiró aliviado. A ver si así dejaba de darle la murga, de una puñetera vez, ese peligroso psicópata.
***
miércoles, 11 de febrero de 2015
martes, 10 de febrero de 2015
Por razones que no vienen al caso, llevo la semana emocionalmente intensa y melancólicamente reflexiva... así que me acuerdo de muchas cosas, y entre otras muchas de los primeros pasos de mis hijos. Aquí os dejo un poema.
HIJOS
Parece que siempre ha sido así,
y nada es más lejano.
La casa entera estuvo prevenida
sabiendo que faltabais.
Los espejos os guardaban en la sombra
y asomabais a mi espalda
burlones y asombrosos sin que os viera.
Ya lloráis la tarde a cada rato
para dejar bien claro que sois la misma boca,
el mismo charco repleto de tropiezos,
la razón poderosa por vivir
de frente al barro y la llovizna.
De bálsamo y cantueso
se rinden nuestras manos,
nos babeáis las venas
con besos de plátano y yogurt,
hacéis del alfabeto una lección llena de sopas...
...y dos más dos serán otra vez dos
cuando os marchéis.
***
lunes, 9 de febrero de 2015
MOEBIUS ( o el infinito)
Escher.Moebius
MOEBIUS
Gerardo Senante es recto como los álamos, riguroso en sus maneras y puntual sin excepciones.
Carente de otras cualidades frecuenta la soledad pues aunque tiene sus encantos nadie acertó nunca a descubrirlos.
Instalado en la medianía, ocupa una plaza de funcionario municipal. Desde su oficina ve pasar el Ebro mientras farfulla delirios sobre pergaminos polacos y magias escondidas en bodegas.
A Gerardo le fascinan las historias secretas, las matemáticas y, como concesión a su hombría, los comics para adultos.
Aquella mañana al acudir a su trabajo fue incapaz de cruzar el puente de piedra: según lo terminaba se encontró al principio del puente de hierro, luego en el de Santiago… y así hasta el infinito.
Al fin, agotado, se derrumbó sobre la acera gimoteando: “Somos como hormigas en la cinta de Moebius”.
Una vecina le reconoció y avisó a urgencias:
Pobrecico, con tanta lectura se le han vuelto los sesos gaseosa.
¿Qué le pasa?
Nada especial, parece una crisis de ansiedad.
Pues venga, vámonos “pa´l hospital”.
Desde entonces una ambulancia ululante circula eterna por los puentes del Ebro; incluso hay quien asegura que sus ocupantes esgrimen una mueca de terror.
***
domingo, 8 de febrero de 2015
El cuento del domingo. Esta vez es un poco más largo, pero bastante divertido. Seguro.
LA HISTORIA DE MANTEL Y MANTELINA
Era Mantel un mantel
lleno de cuadros cuadrados;
vivía en un "ristoran"
de puro estilo italiano.
Pero como dijo aquél
nadie es feliz con su suerte
pues lo que quería él
era ser sábana fuerte
Todos los lunes tocaba
ir a la lavandería
que para hacer la colada
era siempre el mejor día.
Allí entre tapetes de té
Mantel lloraba y lloraba,
y a un delantal de café
su ilusión le relataba.
Las servilletas reían,
las sábanas se mofaban
y con mucha picardía
esta canción le cantaban:
“ Este es el tonto Mantel
que nació siendo cuadrado
y quiere ser coronel
en vez de soldado raso”
La vida así transcurría
entre burla y macarrones,
hasta que por fin un día
vio cumplir sus ilusiones.
La cosa fue como cuento:
Otro lunes de colada
mientras giraban sin tiento
sintió algo que lo agarraba.
Mantel se volvió impaciente,
y notó una tela muy fina
que lo envolvía indecente:
¿Quién sería la atrevida?.
Entre giros y agarrones
vio que una rica mantelina
era quien daba tirones
causando tal tropelía.
Cuando se vieron de frente
se miraron a los ojos
se abrazaron de repente
y se pusieron muy rojos.
Mantelina era un mantel
de rica seda muy fina,
con elegante broquel
que nunca pisó cocina.
Cuando tendieron la ropa
estaban tan abrazados
que no hubo manera ni forma
de soltar lo ya enredado.
Y para aprovechar la tela
les dieron cuatro puntadas
cosiéronles unas letras
más una puntilla hilvanada.
¡Albricias! Con tanta preparación
lo que era un pandemonio
convirtiose en santa unión
terminando en matrimonio.
Junto a los otros retales
les llevaron al mercado
y el viaje de esponsales
disfrutaron encantados.
Viéndose así cosiditos
soñaban con catedrales
durmiendo bien calentitos
en los tálamos nupciales.
Mas si sólo eres un retal
medio feo, medio raro,
mitad cuadros, mitad chal,
es seguro que te venderán barato.
Y eso fue lo que pasó:
Un tonto que babeaba
la telilla enamorada se llevó
diciendo que la compraba.
Pero no temáis amigos:
al llegar el hombre a casa
sacó su lienzo de hilo
y con él se hizo la cama.
Y felices aunque pobres
Mantelina y don Mantel
se abrazaron en el catre
y se durmieron con él.
Aquí se acaba la historia
de Mantel y Mantelina
con la bonita victoria
del amor sobre la envidia.
(Aunque al final os diré
que no todo les salió bien
pues sufrieron un berrinche:
¿Sabéis cual?
¡¡En la cama había chinches!!)
***
sábado, 7 de febrero de 2015
Hoy me he puesto a repasar viejos poemas y se me ha ocurrido subir este. Es uno de los primeros, un poema de "juventud" por decirlo de alguna manera. Bueno, tiene su cosilla. A ver que os parece.
EL COMETA Y LA TIERRA
(Poema de amor cósmico)
Por millones de años la rondaba
como eterno carrusel que iba y venía.
Eran promesa de fuego sus miradas,
un anhelo de encuentro y de caricias.
Y al fin un día, oh gravedad amiga,
cediendo a esa fuerza que atraía,
cayó en su seno y explotó a la vida.
Ella, ardiente de amor, se abrió dolida,
lo recibió en su cuerpo, trepidó en temblores;
con lava de volcanes se lamió la herida
y, feliz, gimió con gritos ancestrales.
Después la Tierra se quedó dormida
en plácido gozo de amor sumida.
Y él, corazón de estrella, mineral pesado,
habitó en el centro de su amada
por siempre, fundido y derramado,
con profundo reposo complacido.
***
viernes, 6 de febrero de 2015
Hoy microrrelato. Como de 2 cms.
MEDIDA
Le faltarán, al menos, un par de centímetros para alcanzar la barra del trapecio, lo supimos todos en seguida. Todos menos él, claro, pues era la misma medida que le sobraba de arrogancia.
Luego, en el suelo de la pista, se la dejó toda, roja y extendida.
***
jueves, 5 de febrero de 2015
Se marchó pronto, demasiado. Luego me ha costado mucho entender lo que pasó y entenderme. Ahora tal vez sea el momento. (Un soneto dedicado a mi madre)
A MI MADRE
Recuerdo claramente la sonrisa
franca entre dos labios como fuego,
anhelo de otras brisas, claro ruego
de sueños perseguidos tras tu risa.
Mas te educaron para ser sumisa
y nadie te explicó: la vida es juego,
disfrútala, no vaya a ser que luego
te acerques al invierno muy deprisa.
Llegó sin avisar esa traición
pero no tuve edad para advertir
que tras de ti marchaba la ilusión.
Cómo querría darte a compartir
los años que he vivido y la emoción
que renace en mis hijos tu sentir…
(…no puedo concluir
la estrofa así, pues no es completa:
falta un tenue beso del poeta)
***
miércoles, 4 de febrero de 2015
martes, 3 de febrero de 2015
DESCUBRIMIENTO
DESCUBRIMIENTO
Te acerco al vendaval
furioso de luces y carriles.
Aprieto con mi miedo tus dos manos
y sé que deberé dejarte ir.
Logré pasar el tiempo tan dormido
en mi propia rutina de crecer
que no advertí cómo nacían
rendijas en tu piel bajo la edad.
Hoy vuelve aquel día septiembre
y colegial cuando temblaba
cosido de tu brazo
para mirarte de nuevo saltándome los años.
Y donde fue la voz del padre fuerte
descubro el habla polvorienta
de un anciano.
Sí, te dejaré ir solo
solo
como a un niño en su comienzo.
E igual que tú me despedías
preocupado
cuidaré tu lento pasear
por las aceras.
***
lunes, 2 de febrero de 2015
Todo es perfecto un lunes por la tarde....
TODO ES PERFECTO
No creo que pueda pedirse mucho más para ser un lunes por la tarde ¿verdad, María? Comienza otra semana y ya tiene el color de lo cumplido. Ayer nos visitaron los hijos y los nietos revolotearon, impacientes, con sus juegos. Hoy el aire trae aromas de tiempo nuevo, el sol nos templa en esta tarde apacible, la vida revienta de avaricia.
Las tareas, las importantes, ya están completas, las cuentas cerradas, nuestro esfuerzo terminado.
Sí, todo es perfecto: el mundo se conjura y nos empuja a disfrutarlo… ¡lástima que estemos muertos!
***
domingo, 1 de febrero de 2015
CUENTO /CANCIÓN
LA MARIPOSA Y EL CAMALEÓN
(Canción)
La mariposita,
bella y exquisita,
muy, muy señorita,
vuela en el jardín… din
El camaleón,
feo y juguetón,
espera en la rama
de un melocotón…don
Cuando al fín
se encuentran
algo en su tripita
les hace tilín….din
Y se van juntitos
dando un paseíto
en un carretón….don
Suenan campanitas
en su corazón…
Unas hacen…din
otras hacen…don.
El camaleón
verde y chiquitín
ha vuelto al jardín…din
A la mariposa
linda y primorosa
nadie más la vió….don
Y ahora me pregunto,
si en el ancho mundo
prefiero vivir…
feo, astuto y malo
como el muy tragón
del camaleón….don
…o es mejor morir
guapa, ingenua y buena
cual mariposita
de este folletín….din
Como no lo se
yo levanto el vuelo
y me voy muy lejos
de ese malandrín…din
Ya se acaba el cuento
de la mariposa
y el camaleón…don
Din, don, din, don
***
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