viernes, 13 de febrero de 2015

Y repasando y repasando... me reencuentro con muchas cosas... Tuve una infancia feliz, lo reconozco, pues eramos muchos y la casa era un alboroto. Aquí dejo un poema que dediqué a la infancia y a mis hermanos... (ya veréis qué majos estamos en la foto)




ASÍ, CRECIENDO...


Me miro en estas fotos blanquiviejas
y de ellas me mira aquel niño
que yo era; sus ojos son susurros…
volviera a ver ayer si los oyera:

Si oyera lo que vi cuando crecía
sería olor a luz y risas en la piel
aquello que sintiera.
Si miro tras de mí veo la niebla
creciendo sin espera tan
adentro,
que apenas son destellos que resisten
contratiempo,
espuma rota sobre restos de marea.

Es un destello a ruedas, sabor de sal
y sueño en vela, coche gris
durmiendo a casa en noche de cristal,
calor de hermano, boca y oreja…
Es el pasillo largo,
son brazos que me alzan en lo alto,
triciclos y fresquera, sábados de baño
-¡que grande la bañera!-.

Es sarampión, paseos por el Prado,
-¡abuelo quiero un polo!-, cacao
y porras, mañana dominguera,
misa de dos, el gorro que detesto
un lazo que me aprieta, vermú,
croquetas, pollo guisado, bombones
como helados, tardes de fiesta, paseos
por La Elipa hasta los descampados,
tan lejanos, que eran de otra Tierra.

Así creciendo llegamos a literas
a cuadernos de palotes, recreos
por la Luna vestida de maestra;
veranos de safari con brújula
en las manos volante de relleno
y negro coche negro americano.

Hotel de cinco estrellas ya crecidas:
Se fueron de paseo a la alameda,
llegáronse a la orilla de la playa,
(rumor de ola y barquillo)
se entraron en el mar…
… allí dejaron sus quimeras.

Y aquí me quedo, que por seguir
me voy donde no quiero
pues así, creciendo, se llega
hasta la vida…
…perdidas las sorpresas.



***

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