domingo, 6 de noviembre de 2016

Escribimos desde nuestras emociones intentando conectar con las emociones colectivas. Pero en ocasiones, los poemas tienen nombre y apellidos, y estos dos que pongo ahora son de esos. A mi me gustan, y espero que a todos (y aquí pongo un guiño para quien le tienen que gustar más).
































DIOSAS



No te supe mujer, te sentí diosa múltiple,
exacto aliento doble,
álgebra de brazos-piernas,
razón de besos circulares.

Eras tú y erais vosotras.

Me alcé bífido y bifronte,
apetito solar puesto en los dedos,
boca geminada
sobre dos lunas de Marte,
eco de labios repetida,
vasija duplicada entera.

Orilla de dos mares juntas
revoltosas,
alfabeto con deltas anegadas
por mi río plural y repartido.

Esponjas
arropadas bajo un lienzo,
verbo
desnudo entre dos sombras.



AD INFINITUM



Ha de ser este poema, amor, lo mismo
que el amor sintiera.
Si hubo un tiempo de los raptos mutuos
tendrán los versos la bondad graciosa
de alargar los brazos, repetir sin pausa
los eternos goces, las caricias bravas
y ser teoría de la mezcla entera.

Porque pasamos las noches con nosotros dentro
intactos y golosos de sabernos infinitos
en el aire, pirueta espiral de dentro a fuera tú
y otra vez tú, viento soplado en mis pulmones
vueltos, plenos de hiedra revoltosa y fértil,
abrazados por el poder gigante de los bosques,
de los altos dioses, de la dulce hierba.

Luego la muerte, pues no fue sino gemido
o estertor lo que huyó ascendente tras la vida,
del dolor durmiente a tu sonrisa.

Porque ya pasaron esas horas de tormenta
desmayada,
ha de ser este poema, amor, el amor mismo,
incesante réplica que del amor fuera.